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Mostrando entradas de noviembre, 2021
  Al día siguiente contuve mi aversión a cualquier presencia humana y regresé desde la madriguera en donde acurrucado como un animal salvaje pasé la noche, regresé primero a la playa, que recorrí sumido en tenebrosos pensamientos, el mar poseído ahora por un diablo interior, digamos un bíblico leviatán a punto de arrojar hachones de fuego por la boca, en realidad un temporal de levante que agitaba violento la costa, así que me procuré el refugio el abrigo el calor el cobijo en una placita, se me perdonará eso y mucho más cuando sea juzgado, con las pocas monedas que guardaba en lo profundo de un bolsillo me compré unos churros y un vasito de chocolate, el kiosco no parecía muy animado, dos mustias jóvenes lo atendían con desánimo, sobre un banco marrón los fui consumiendo, encogido, desbaratado, como un león arrojado de la manada, empezaba la gente a desfilar por la plaza, el sol imponiéndose sobre sus cabezas, los árboles, sus caras embozadas, los ariscos perfiles, los ojos crispa...
    Han pasado cosas, hace una hora, tal vez dos horas, acaso fue ayer porque ahora es muy temprano y estás caminando por la larga playa vacía junto al suave runrún del agua contra la arena y tienes conciencia en ese preciso momento de que todo es una exacta equivocación, tengo motivos para creer que esa es la razón que me ha traído hasta aquí, que haya pasado algo, a esta playa, aunque del mismo modo tengo motivos para creer que no hay ninguna razón por la que me encuentre aquí ahora paseando tan temprano por esta playa sin nadie, apenas un perro a lo lejos que se habrá perdido y la sed lo trajo hasta aquí, hace unos días leí sobre el movimiento situacionista, un juego de acontecimientos, supongo, eso es lo que me ha traído hasta aquí, emborronado frente al mar que a estas horas se me representa como una lámina de metal brillante, pues el sol le cae en perpendicular, muy en perpendicular, dorado, apacible, como las olitas estas que susurran contra la arena un canto de salit...