Al día siguiente contuve mi
aversión a cualquier presencia humana y regresé desde la madriguera en donde
acurrucado como un animal salvaje pasé la noche, regresé primero a la playa,
que recorrí sumido en tenebrosos pensamientos, el mar poseído ahora por un
diablo interior, digamos un bíblico leviatán a punto de arrojar hachones de
fuego por la boca, en realidad un temporal de levante que agitaba violento la
costa, así que me procuré el refugio el abrigo el calor el cobijo en una
placita, se me perdonará eso y mucho más cuando sea juzgado, con las pocas
monedas que guardaba en lo profundo de un bolsillo me compré unos churros y un
vasito de chocolate, el kiosco no parecía muy animado, dos mustias jóvenes lo atendían
con desánimo, sobre un banco marrón los fui consumiendo, encogido, desbaratado,
como un león arrojado de la manada, empezaba la gente a desfilar por la plaza,
el sol imponiéndose sobre sus cabezas, los árboles, sus caras embozadas, los
ariscos perfiles, los ojos crispados por el aire cortante, a la plaza llegaban
los ruidos del tráfico in crescendo, claros, turbios, la campana de la iglesia percutió
ocho veces seguidas, tañó ocho lánguidas veces, y pasó un hombre cargado con
una preocupación excesiva, una mano dentro del bolsillo del pantalón, me miró
de reojo, deduje por su acre mirada que bien podría ser un cadáver empacado con
el día de libre disposición para atender cualquier nefasto asunto de manera
puntual, así yo, fui apurando mi breve desayuno, me pasé la manga por la boca,
una vez limpios mis hocicos miré en derredor, se estaba a gusto allí, sin nada
que hacer, sin vacilar decidí quedarme a pasar la mañana en ese banco marrón de
madera repintada y observar cada movimiento y cada quietud y cada costado y
cada momento particularmente obsesivo que pudiera atravesar mi cabeza y la
cabeza de los viandantes, niños, viejos, mujeres, tullidos, inmigrantes, funcionarios,
delincuentes, trastornados, sus repeticiones, sus frecuencias, todo lo
perceptible captado por estos ojos vencidos, y ahí estás tú, vigoroso.
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